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El intrincado mundo de las leyes y el artista plástico

Por Beatriz Niño

A raíz de un debate abierto en el grupo cerrado de Facebook del Instituto de Arte Contemporáneo al que pertenecemos, volví a ser consciente del intrincado mundo de las leyes y de lo complicadísimo que puede resultar para cualquiera leer las leyes, ver qué dicen y saber exactamente cuál utilizar (en abogadés “conocer la legislación, interpretar las normas, saber si están o no vigentes y aplicar la norma correcta”).

El debate era sobre si un encargo oficial , sea un retrato ministerial o una escultura pública, está exento o no de IVA. Por una parte, se decía que si porque se trataba de un servicio profesional dado por un artista plástico y hay un artículo de la Ley del IVA que dice que no pagan IVA (en abogadés “está exento del pago de IVA”) “los servicios profesionales, incluidos aquéllos cuya contraprestación consista en derechos de autor, prestados por artistas plásticos”.

Claro, uno lee este artículo y claramente llega a la conclusión de que las obras de los artistas plásticos no pagan IVA.

Lo que uno no se plantea es que en otro lado de la ley se dice que las entregas de obras artísticas originales tienen un IVA del 8%. Ni que inicialmente decía otra cosa, que luego fue suprimida por una ley que traspuso una Directiva comunitaria que supuso cambios en el tema del IVA y de los objetos de arte que ha provocado una confusión en la interpretación de la normativa… En resumen, un follón descomunal.

Entonces, ¿se paga IVA o no se paga por el retrato ministerial o la escultura pública?. La respuesta es que SI se paga IVA al tipo reducido del 8% porque se entrega una obra artística original.

No se pagaría IVA si se tratara, por ejemplo, de una restauración del retrato ministerial porque entonces no hay entrega de bien y se considera un servicio profesional.

Y como éste, hay otros caso de no pago de IVA. Ya se sabe, más vale estar bien asesorado.

CREACIÓN SOCIEDAD POR ARTISTA PLÁSTICO

Por Isabel Niño

Cuando un artista plástico alcanza un cierto nivel de ingresos por sus obras, se empieza (o debería empezar) a plantear la posibilidad de crear una sociedad.

Los motivos que llevan al artista a plantearse ejercer su actividad a través de una sociedad pueden ser variados; los más comunes: deseo de separar el patrimonio personal del profesional y/o querer beneficiarse fiscalmente del Impuesto de Sociedades, cuyos tipos de gravamen son notablemente inferiores a los del I.R.P.F.

Hay multitud de posibilidades de constituir una sociedad. Por poner un ejemplo, el artista la puede constituir aportando a la sociedad los derechos patrimoniales de propiedad intelectual derivados de sus obras; a partir de entonces será la sociedad quien cobrará esos derechos. Pero como digo, hay muchas otras formas de constitución.

Sin embargo, como todo en derecho, no podía ser tan sencillo… Hay una cuestión que no la puedo dejar pasar por alto: la obligación del artista de facturar a su sociedad por los servicios que le presta (creación de nueva obra para que la sociedad la comercialice).

Y ello es importante porque sino Hacienda podría considerar que el artista está “regalando” obra a la sociedad con el único objetivo de rebajar la carga impositiva. Y cómo no, acto seguido le vendría la multa correspondiente.

El quid de la cuestión está en demostrar a Hacienda lo que vale el trabajo que realiza el artista para la sociedad. En este punto, si la sociedad tiene empleados (p.e. colaboradores técnicos o artísticos) será más sencillo demostrar que el servicio que presta el artista a la sociedad es más valioso, que si únicamente el artista se dedica a elaborar personalmente y sin ayuda de nadie sus obras, por cuanto Hacienda entenderá que el valor de sus servicios es el mismo que el precio de venta de sus obras.

Nos vemos por ARCO, art Madrid, JustMAD3,…