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Artista busca obra perdida

Por Isabel Niño

Hace algún tiempo, el artista Francesc Subarroca se puso en contacto con NIAL Art Law para explicarnos que en 1958 el Ayuntamiento de Barcelona le había encargado dos murales cerámicos inspirados en temas marineros para vestir la Escuela del Mar de la Barceloneta. Ahora el edificio ya no existía y no quedaba rastro de los murales.

El objetivo del artista era doble, por un lado encontrar los murales, todo y que asume que su obra sencillamente puede haber dejado de existir, y reivindicar sus derechos morales de autor. Derechos contenidos en nuestra Ley de Propiedad Intelectual y que permiten al artista exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier atentado contra ella.

Desgraciadamente este hecho no es una situación aislada, se da con mayor frecuencia de lo que deseado y ello es consecuencia directa de la poca sensibilidad que a veces la Administración Pública demuestra por la cultura a pesar de estar reconocida constitucionalmente la obligación que tiene la misma de garantizar la conservación del Patrimonio Cultural.

Con la filosofía de dar ejemplo y freno a este panorama, Subarroca accedió a ser entrevistado. A continuación os dejamos este enlace “Artista busca obra perdida” que corresponde al artículo que el pasado martes día 30 de abril publicó el periódico EL PAÍS de Cataluña sobre este asunto.

LA MERA FOTOGRAFÍA

Por Isabel Niño

Dado que mi último post ¿Obra fotográfica o mera fotografía? ha despertado una cierta curiosidad por clarificar términos, hoy continuaré hablando un poco más de la mera fotografía.

Tal como vimos, la mera fotografía es una categoría residual que engloba todas las fotografías que no tienen la consideración de artísticas, esto es, las que no constituyen una creación intelectual de su autor que refleje la personalidad de éste.

Sin embargo, la realidad es que la distinción teórica en la práctica no es tan sencilla. Por poner un ejemplo, nos encontramos con que en el 2002 la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife entendió que para el periódico donde trabajaba el fotógrafo que realizó la fotografía de un par de cantantes mientras cenaban en un restaurante era una fotografía considerada como “obra fotográfica”. Mientras que, en otras numerosas ocasiones los jueces entienden que las fotografías realizadas para publicaciones periódicas reciben la consideración de “meras fotografías”.

Sea como sea, una vez que ponemos la etiqueta a una fotografía como “mera fotografía” donde no hay discusión es en la protección legal de la misma.

Quien realiza una mera fotografía tiene únicamente los derechos exclusivos de autorizar su reproducción, distribución y comunicación pública. No el de transformación. Así como, la ley tampoco le atribuye derecho moral alguno.

Estos derechos duran 25 años contados a partir del año siguiente a la fecha de realización de la fotografía o de su reproducción. La mala noticia es que aquí tampoco existe ningún criterio legal que indique en qué casos se computa a partir de la realización de la fotografía y en qué casos a partir de su reproducción. Por no hablar de que el único que tiene los medios para probar la fecha de realización es el propio fotógrafo.

Por último, en cuanto a la cesión de los derechos de reproducción, distribución y comunicación pública de quien realiza “meras fotografías” no se le aplica la Ley de Propiedad Intelectual sino la voluntad del fotógrafo, eso sí, bajo el criterio que marca nuestro Código Civil.

¿Puedo vender los derechos de autor?

Por Isabel Niño

Ya hemos explicado en otros posts que el derecho de autor está formado, entre otros, por el derecho moral y los derechos de explotación (reproducción, distribución, comunicación pública y transformación).

También sabemos que el derecho moral es irrenunciable e inalienable, o sea, no se puede transmitir ni vender. Y que los derechos de explotación, aunque sí se pueden transmitir (tanto por actos inter vivos como mortis causa), tienen la limitación de que esa transmisión es sólo del uso  pero nunca de la titularidad del derecho que siempre será del autor o de sus sucesores.

Lo que más se parecería a la venta de los derechos de autor, sería la transmisión de todos los derechos de explotación, con sus distintas modalidades, durante todo el tiempo de duración del derecho (toda la vida del autor y setenta años tras su muerte) y para todo el mundo. Pero aún así, nos encontraríamos con el tope de la imposibilidad de transmisión de los derechos morales, por lo que nunca se podría hablar de una venta plena, global y definitiva del derecho de autor.

En conclusión, ni con la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) anterior ni con la actual es posible vender los derechos de autor.